Que no se te olvide acordarte que me tienes que olvidar

Un paciente llega a la consulta —lleva algunas semanas viniendo— y me dice: «Esto tiene que parar». Me cuenta algo que le está pasando, en lo cual se ha descubierto involucrado. Las sesiones le han mostrado su posición allí donde él pensaba que no la había. Agrega: «Esto tiene que parar, no puede ser que siga haciendo lo mismo. Esto tiene que parar». «¿De qué manera va a parar? ¿Cómo te imaginas eso?», le digo yo. Se queda pensando…

Freud, en la página 509 de La interpretación de los sueños, dice:

«Yo pretendo, por ejemplo, que se me ocurra un número al azar; no es posible: el número que se me ocurre está comandado de manera unívoca y necesaria por pensamientos que hay en mí, aunque estén alejados de mi designio del momento. De igual modo, tampoco son arbitrarias las alteraciones que el sueño experimenta en la redacción de vigilia».

Freud aquí está hablando de lo que varios autores han dicho sobre la interpretación de los sueños y sus dificultades. Expone que algunos han considerado que los pacientes, al contar los sueños, los desfiguran con contenidos que son propios de la vigilia. Pero Freud responde que los pensamientos que se agregan al contar los sueños son valiosos también, puesto que no pertenecen a otro orden sino al del sujeto.

Así, plantea que incluso la elección más sencilla, como la de un número al azar, está bajo la misma predisposición psíquica; y que, probablemente, si siguiéramos e interrogáramos el hilo psíquico que llevó a una persona a decir ese número determinado, encontraríamos algún tipo de afecto ligado a esa representación.

Eso hace muy interesantes las sesiones donde los pacientes, rápidamente y con el correr de los minutos, dicen: «No sé de qué hablar». Después, se entregan al azar. Es como si algo se hubiera agotado en el sentido que el sujeto le ha dado a su tratamiento y comenzara a operar otra forma de hablar. Una forma en la que ya no se ha escogido seguir un guion tejido durante la semana… Y, habitualmente, son sesiones muy interesantes.

Entonces, ¿cómo trabajar una repetición o un patrón? A mi parecer, lo primero es recorrer las cadenas asociativas que despierta en el paciente esa sensación de repetir. ¿Mediante qué premisas se ha instalado esa repetición? ¿Por qué está ahí? Si uno lo piensa en profundidad, escoger algo al azar es una forma de recordar.

Lacan nos dice en el Seminario 11, los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, página 53:

«Y para saber que se está allí no hay más que un método, detectar la red, pero ¿cómo se detecta una red? Pues, porque uno regresa, vuelve, porque uno se cruza con su camino, que los cruces se repiten y son siempre los mismos».

Esto quiere decir que en psicoanálisis no hay una pedagogía terapéutica («te enseño a hacer con lo que traes, el libro tanto lo dice»), sino una indagatoria codo a codo con el paciente sobre aquello que, en el ecosistema psíquico, produjo eso. Eso que hizo producción.

Quizá, después de un proceso psicoanalítico, se puedan pensar otros azares.

Por Paulo Palma Gallardo

En Centro Psicológico Vértice

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